Darse

Uno no se entrega para ser devuelto.

Uno se da porque el corazón

ya no aguanta el propio peso.


La carne, necesita más carne.

Los huesos, otros huesos.

Las venas, otras arterias.

Las sequías, otras tierras.


Uno se da para borrarse los límites,

para habitar las extrañas pieles

y dejar que su vida,

exista en las otras vidas.


Uno que poco sabe de lo propio,

busca en la gota ajena,

la certeza de su existencia.


Y es así como de tanto darse,

ignorante se abandona la propia tierra,

que tarde y seca regresa,

que tarde y seca te espera.

Sin ecos, ni despedidas.

Fuimos dos piedras cayendo,

siempre cayendo,

en busca de un fondo que no tenemos,

que se nos negó desde el nacimiento.


Anduvimos años, con las raíces secas,

anhelando una tierra, ¡cualquiera!,

esperando que alguien nos acogiera.


Frágiles, nos encontramos.

Nos prometimos tanto,

y como teníamos tan poco,

nos lo entregamos creyendo que era todo .


Nada de lo que te llevas fue mío,

nada de lo que dejas te pertenece.


Nos construímos desde la carencia,

en un sueño de luciérnagas negras.


Somos de las vasijas que se rompen,

porque no saben marcharse,

que eternas, han aprendido a curarse en sales

y a lavarse las penas con mares.


No nos dijimos adiós,

para hacerlo necesitábamos tener algo

de que despedirnos,

pero de nosotros, ni el eco.

Clavé las uñas al aire

Clavé las uñas al aire

porque nada queda adentro,

ni de las manos, ni del cuerpo.


El presente es un hueco,

un silencio negro,

entre lo que fuimos

y lo que no seremos.


Somos dos piedras cayendo,

en busca de un fondo que no poseemos.


Andamos con las raíces secas al aire,

frágiles, entregándonos lo que no tenemos.


Nada de lo que te llevas fue mío,

nada de lo que dejas te pertenece.


Nos construimos desde las carencias,

privándonos de nosotros mismos,

en un sueño húmedo de luciérnagas negras.


Somos las vasijas eternas,

que se curan en sales

y se lavan con mares.


Clavé las uñas al aire,

porque necesitaba saberlo,

tú no eres mío y yo no soy de nadie.

Lo que ha pasado

Ha pasado que te extraño, 

en los momentos más raros. 


Cuando miro al cielo

y está nublado, 

siento entre mis dedos

tu espacio y tu cansancio. 


Cuando ni la noche cabe

entre tus venas y mis labios, 

me pregunto si es carne  

o ausencia lo que nos damos.


Cuando nos oscurece tanto, 

que se nos desaparecen los propios ojos, 

olvidamos que existimos,

y entonces descanso.


Nos hemos olvidado tanto, 

que sin poseernos nos dejamos.


Y así, abrazados, uno de la nostalgia del otro,

nos perdemos para no encontrarnos.

Existo entre límites

Mío, es el espacio entre mis hombros,

no el que creen ver tus ojos y los de otros.


Soy, cuando cierro los párpados

y no me noto.

Cuando respiro profundo y desaparece mi contorno.


Soy cuando siento los labios uno encima del otro.

Lejos de ti y de mí: inalcanzable al todo.


Soy, en el infinito que me ocupa,

si es que éste no me invade.


Soy, cuando logro abandonarme,

cuando estoy entre dos partes,

entre el sueño y la consciencia,

entre la oscuridad y su ausencia.


Existo entre dos puntas de cuerda

tendidas en un infinito de posibilidades.

Decir tu nombre es invocar tu historia…

Al hacerlo, llegan repentinas olas

de pasados, de memorias.

Regresan las caminatas insomnes, silenciosas,

y al andarlas, la brisa moja.

Tú y yo, somos mares,

bastos, profundos, salados.

A ti y a mí, nos habitan cavernas,

nos recorren ríos y nos controlan mareas.

Habitamos, sin estar, las mismas playas.

Somos agua dulce cuando no salada.

Si el alma falta,

abrimos los muros

y cubrimos los pisos de arena,

de conchas y calma.

Ahí, encontramos caracoles

que nos recuerdan

-cuando lo olvidamos todo-

la dicha de los días que nos aún no llegan.

Somos suspiros de agua,

gotas, independientes una de la otra.

Vinimos del mismo mar,

y habitamos el mismo sueño sin forma.

Decir tu nombre es invocar mi historia.

El cuerpo tiene necesidades extrañas…

Ajenas, impropias,

prestadas y, a ratos, robadas.

Afecciones regulares,

que se antojan permanentes,

casi propias, de los propios dientes.

Adicciones como la de la boca:

su boca.

La de los labios:

sus labios.

Los besos:

sus besos.

La lengua:

mi nombre.

Una mordida:

su cuello.

El descanso:

su pecho.

Todas las sinrazones dispuestas

en este espacio,

que no es nuestro, sino mío,

para él, de él:

su espacio.

En este mar

sin sal, ni playa,

hay un oleaje lila,

de ese que va y viene,

que viene, llega y me lleva…

Quererse así, de pronto…

Es abandonar la vasija

y vaciarse a fondo.

Arrancarse las agallas

y mascarlas hasta triturarlo todo.

Es descubrirse desnudo,

tirado en el pavimento,

y ver que uno carga raíces negras,

en lugar de piernas.

Quererse así, de pronto…

es reconocer que el destino siempre estuvo roto,

aceptar que nunca hubo una ruta,

que en el aquí yace el inicio y el final de todo.

Inhalar.

Sentir, por un segundo,

que uno no es uno,

sino lo es todo.

Exhalar.

Quererse así, de golpe,

ocurre así y nada más…

Me amanecieron los ojos con tu recuerdo

Justo antes de inundarme de sol,

despegué los párpados y estaba ciego.

 

Tú, estabas adentro.

 

Para recuperarme,

cerré los ojos,

pero me venció el miedo. 

 

Lo ocupabas todo,

incluso lo nuevo.

 

Fue mi culpa,

cedí sin saberlo.

 

Te regalé segundos de inconsciente,

consecuencia de mis profundos desvelos.

 

Tuviste entonces el tiempo suficiente

para plantarte en el no futuro,

cerquita del remordimiento.

 

Al encontrarte ahí,

me castigó la culpa

y me condenó al silencio.

 

Me enredé las pestañas

y te construí un universo.

 

Un lugar oscuro, pero nuestro.

En donde nos encontramos desconocidos,

con pretextos nuevos.

 

Un infinito de falso cielo

en el que me oculto cuando escasea el sueño.

 

Me amanecieron los ojos,

pero se me durmió el tiempo.

Hay momentos…

Hay momentos que nacieron para ser recuerdos.

 

Historias finitas,

concebidas para no volver,

para alimentar el tiempo perdido,

y nada más.

 

Despertar.

Tender la cama.

Lavar la ropa.

Regar las plantas.

Destenderla y al recostarse,

tratar de entender

por qué se habita esta casa.

 

Hay demasiado color en esta mesa,

demasiado aire en el techo.

Y, así de pronto, un remolino,

cansado de tanto irse: regresa.

 

Tú al centro y

está vez no hay tregua.

 

Y entonces lo recuerdas:

Hay cosas que existen para no vivirse.

es bueno que lo sepas,

pero también que lo ignores.

 

Hay lo que hay.

Y lo que habrá, lo habrá.

 

Hay cosas que nacen para ser recuerdos.

Aunque quizá, tal vez, esta vez, yo pueda…