Sin ecos, ni despedidas.

Fuimos dos piedras cayendo,

siempre cayendo,

en busca de un fondo que no tenemos,

que se nos negó desde el nacimiento.


Anduvimos años, con las raíces secas,

anhelando una tierra, ¡cualquiera!,

esperando que alguien nos acogiera.


Frágiles, nos encontramos.

Nos prometimos tanto,

y como teníamos tan poco,

nos lo entregamos creyendo que era todo .


Nada de lo que te llevas fue mío,

nada de lo que dejas te pertenece.


Nos construímos desde la carencia,

en un sueño de luciérnagas negras.


Somos de las vasijas que se rompen,

porque no saben marcharse,

que eternas, han aprendido a curarse en sales

y a lavarse las penas con mares.


No nos dijimos adiós,

para hacerlo necesitábamos tener algo

de que despedirnos,

pero de nosotros, ni el eco.