Tu no espacio me ocupa.

Tu no espacio me ocupa.

Extendido de piel a médula,

toma mi carne y la vuelve suya.


Aquí y ahora,

sólo existe tu ausencia.


Me acompaña en la cama, en la mesa, 

al cerrar cada puerta.


Respiro para no perderla,

despierto para sentirla cerca.


Por favor, regresa, 

porque entonces, quizá yo vuelva.

Por favor, regresa,

no quiero que estés adentro, sino afuera.


De cara a la pared, me pregunto,

si tu muerte no fue la mía.

De cara a la pared, la sombra ruega:

ojalá así fuera,

ojalá pudiera…

Días que olvidan…

Los días pasan extraños.

Unos detrás de otros,

arrítmicos, vienen, van.

Danzan fuerte entre las doce y las cuatro,

aunque con el tiempo uno deja de escucharlos.

Sus pasos no son los nuestros,

su destino es inexistente, atemporal.

Hoy tropecé con uno y la caída me dejó inconsciente.

Caí de lleno entre el hubiera y el podría.

Lo único que supe al despertar del trance fue que moriría pronto,

quizá en medio centenar de años, quizá menos,

espero que los suficientes para poderme seguir bañando con mi soledad.

Ayer, hoy, mañana,

hay momentos en los que no sé en qué tiempo conjugarme.

El cuerpo incluso parece distar del alma algunas veces.

No pocas.

No siempre.

Uno ve a los niños y ríe,

Ingenuamente cuando confunden el ayer y el mañana, uno corrige.

Aún sabiendo que el ayer sí puede ser el mañana y

que el mañana también puede ser un ayer que nunca acaba.

Los días pasan extraños,

olvidándose unos a otros,

olvidándonos nosotros…