Te siento…

Amanecí en la playa.

A pie de playa,

en nuestra playa.

 

Entre caracoles y conchas,

la arena blanca.

 

Un mar picado,

azul, con destellos violetas,

y un cielo raso,

en negativo,

como película vieja.

 

Amanecí sin ti.

 

Con tu voz,

contando historias,

anécdotas, pensando en esto y aquello.

 

¿Qué es esto que se siente como un destierro?

 

Amanecí

y hoy por primera vez,

la playa, nuestra playa,

no estaba lejos.

 

Estaba aquí.

 

Aquí.

 

Te siento.

Si regresas…

Hay palabras que se tatúan en la garganta,
palabras tibias que no se dicen:
se cantan…

Palabras de humo que siempre nos acompañan.

No dije adiós, no tenía ganas.

Si no quise despedirme,
fue porque ya nada quedaba.

Entrar ahí -aquí- requirió agallas.
Más de las que tenían y seguro más de las que creía necesitaba.

Salir fue atravesar una puerta que ya estaba cerrada.

Sellar un recuerdo de silencio, de calma.

Si no dije adiós fue porque entre nosotros no habrá mañana,
hubo un final, de esos que se deshojan al alba.

Te quiero, te quise, pero no te querré.

Porque si regresas,
y regresas,
no habrá recuerdo,
sino olvido.
Volver, ¿para qué?…

Caer…

Te vi caer boca arriba,

los brazos abiertos,

abrazando la vida al tiempo que te despedías…

 

El mar en calma, la mirada perdida

¿qué te llevaste impreso en las pupilas?,

algún recuerdo, el azul profundo,

tú último sueño…

 

No tuve el valor de investigarlo,

no pude volver a verte,

no en la arena, no en la casa…

 

No ayer y por supuesto,

no mañana…

 

A veces, no pocas veces, me arrepiento.

Porque en tus ojos es el único lugar en que me encuentro.

 

Lo sé, porque aún los veo.

 

Cada mañana,

frente al muro blanco de la recámara

se dibuja una playa…

 

Cada mañana yo le digo te amo

y él me devuelve un suspiro que me sabe a beso…

 

¿A qué sabe el engaño?…

Amargo, si se bebe de otras manos.
A sangre, si resulta de morderse los labios.
Como sea, siempre es crudo y visceral.

Tóxico con salud,
Adictivo en enfermedad.

Digerirlo requiere mucho sueño
A falta de olvido,
se recomienda soledad.

De esa que se acompaña de uno mismo.
Vacía de estómago,
de orgullo, de verdad.

¿A qué sabe el engaño?
Sabe a nosotros:
sedientos de mar…

En la orilla…

Hay un vacío en la orilla,

un silencio en el agua,

un pudor que no existía.

 

Me gustaba la desnudez en tus ojos.

En esa sonrisa radiante y felina.

 

Mi piel se sentía tan mía, que era tuya.

Una ofrenda honesta, necesaria,

desengañada del nosotros,

convaleciente de pensarnos.

 

Nunca dijiste que partirías,

tampoco que volverías.

Soy yo quien no regresa todavía,

el que se aferra a esta orilla.

 

Un límite que abarca tu historia y la mía.

Así, separada.

Así, vacía…

 

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Fotografía de Berna Badillo (Pop Photography’)

 

¿Por qué negar?…

Es natural que te extrañe,

que me duelan las muelas,

que se me encarnen las uñas

y me amanezcan las noches.

 

Es natural que al mirarte los ojos se ahoguen,

y que cuando te llame

me dé vértigo el silencio

que queda después de tu nombre…

 

Es natural que le susurre tantos te quieros al aire

como a la pared perdones.

Que hasta cele tu ausencia,

que la exija propia, mía completa.

 

Es natural que al encuentro casual mire al piso,

trazando en el lodo un paraíso.

 

Es natural que a ti también te pase lo mismo.

 

Por qué negar lo que nos deja lo no vivido.

 

Por qué negar que ahora te quiero como jamás hubiera podido.

Te espero…

Duermes y todo perece.

 

El cuaderno que estaba en el buró

se deshoja y llueve.

 

Hojas al vuelo,

cenizas cayendo.

 

Sabes que la tinta

oculta algunos ecos,

una risa, un te quiero.

Un par de promesas

y algunos rezos.

 

-Te amo, te amo, te amo…

Me lo repito todo el tiempo.

Dejo apenas el espacio justo para respirar,

y evado el silencio.

 

Tengo miedo.

 

Terror de amanecer mañana

y ser un laberinto,

vacío, incompleto.

 

Miedo de caer de la cuerda

y jamás nunca rozar el suelo.

 

Cada día siento que me pierdo.

 

Ayer, por ejemplo,

me dormí sin cansancio y sin sueño,

si me preguntas, todavía no despierto,

aunque te veo.

 

Tengo frío.

Lo siento.

Siento oxígeno

y miedo.

 

-Te amo, te amo, te amo…

Regresa pronto.

Te espero.

Silencio…

Tus silencios duelen.

Aquí, en los míos.

Comulgan juntos la distancia rota,

la pena que canta y llora.

Arde, en el pecho,

el aire que no se suelta,

que no se vierte,

que no se habla.

Un frío seco,

sin contemplaciones.

Puro como la lágrima.

Sin abrazo, sin calma.

Un suspiro enterrado, clavado,

entre la hebra y el tacto.

La soledad de no saber de ti, de mí.

De lo que nos pasó entre tanto.

Tus silencios, no son los míos,

no son los nuestros,

son tuyos.

Y eso duele tanto…

Humedades…

Hay humedades sobre nosotros.

Restos palpables de nuestra existencia,

de nuestros vapores.

Son manchas ajenas a la sombra.

Rastros más pesados que nuestro paso.

Hongos que surgen de nuestras pieles,

residuos de nuestros actos.

Encima de nosotros,

entre los azulejos del baño,

en las esquinas de los cuartos,

hay cadáveres de pensamientos y sueños varios.

Sin forma, sin tacto,

con el color del llanto.

Corrosivos como la rabia y la mentira.

Cavando, siempre cavando.

Son nuestros crímenes, nuestras deudas,

la prueba de que los pasados perduran,

a pesar de nosotros, de nuestro olvido,

de la cal y el canto.

Llegas…

Hay restos de lava en tu cuerpo,
cenizas en el cabello,
una fumarola gris te nubla la mirada.
Sueñas despierto, por otra cama.

Cada día, cada espera,
se crean islas que nos separan.
Un archipiélago de razones que pronto crearán un mundo,
una distancia.

¿Será hoy?, quizá mañana.

Necesito que antes se me quemen las pestaña.
Que se consuman los sueños que en ellas descansan,
los mismos que ahogue ayer en alcohol,
los que espero exploten cada mañana.

Cuando llegas recién bañado,
con una sonrisa oculta en el te quiero,
con labio ajeno injertado en la lengua,
me preparó para lo inevitable, pero la fuerza no alcanza.

Debajo de tu paladar distingo la mentira,
esa que sabe lamerme el perdón de la espalda.
Que me doméstica las rabias.

Espero ansioso irme.
Ansioso, sin hacer la maleta.
Ansioso, tendido en esta cama.

Ansioso, con tu espalda en la mirada…