Caer…

Te vi caer boca arriba,

los brazos abiertos,

abrazando la vida al tiempo que te despedías…

 

El mar en calma, la mirada perdida

¿qué te llevaste impreso en las pupilas?,

algún recuerdo, el azul profundo,

tú último sueño…

 

No tuve el valor de investigarlo,

no pude volver a verte,

no en la arena, no en la casa…

 

No ayer y por supuesto,

no mañana…

 

A veces, no pocas veces, me arrepiento.

Porque en tus ojos es el único lugar en que me encuentro.

 

Lo sé, porque aún los veo.

 

Cada mañana,

frente al muro blanco de la recámara

se dibuja una playa…

 

Cada mañana yo le digo te amo

y él me devuelve un suspiro que me sabe a beso…

 

En la orilla…

Hay un vacío en la orilla,

un silencio en el agua,

un pudor que no existía.

 

Me gustaba la desnudez en tus ojos.

En esa sonrisa radiante y felina.

 

Mi piel se sentía tan mía, que era tuya.

Una ofrenda honesta, necesaria,

desengañada del nosotros,

convaleciente de pensarnos.

 

Nunca dijiste que partirías,

tampoco que volverías.

Soy yo quien no regresa todavía,

el que se aferra a esta orilla.

 

Un límite que abarca tu historia y la mía.

Así, separada.

Así, vacía…

 

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Fotografía de Berna Badillo (Pop Photography’)

 

Remorderse…

Uno se remuerde,

la boca, el insensato labio,

la traviesa lengua, el no espacio.

El recuerdo de aquel parque, la ligera ropa,

la mano curiosa que abrasa y arde.

Uno se remuerde el pecado, la llama oculta,

el crujir cadencioso de la estructura ósea.

La manzana propia y la ajena,

la uva y la cava.

Uno se remuerde despacio, lentamente,

como se lame cada pendiente,

tirándose libremente

en el vacío que se llena y se vierte.

Uno se remuerde ante el vicio de quererse,

de sentirse propio en los otros,

de tenerse y no detenerse.

Uno, qué es uno sin remorderse.

Sin probarse el tuétano y sorberse.

Sin saber que cuando uno muerde,

a veces y sólo a veces se sangra

y duele.

Días que olvidan…

Los días pasan extraños.

Unos detrás de otros,

arrítmicos, vienen, van.

Danzan fuerte entre las doce y las cuatro,

aunque con el tiempo uno deja de escucharlos.

Sus pasos no son los nuestros,

su destino es inexistente, atemporal.

Hoy tropecé con uno y la caída me dejó inconsciente.

Caí de lleno entre el hubiera y el podría.

Lo único que supe al despertar del trance fue que moriría pronto,

quizá en medio centenar de años, quizá menos,

espero que los suficientes para poderme seguir bañando con mi soledad.

Ayer, hoy, mañana,

hay momentos en los que no sé en qué tiempo conjugarme.

El cuerpo incluso parece distar del alma algunas veces.

No pocas.

No siempre.

Uno ve a los niños y ríe,

Ingenuamente cuando confunden el ayer y el mañana, uno corrige.

Aún sabiendo que el ayer sí puede ser el mañana y

que el mañana también puede ser un ayer que nunca acaba.

Los días pasan extraños,

olvidándose unos a otros,

olvidándonos nosotros…

Dicen los que saben, porque aunque yo estuve no lo sé, que la primera palabra que pronuncié fue “agua”….

Nada particular, menos aún sentimental. Cuatro letras dichas con una entonación confusa, por titubeante: trisilábica…

-A-gu-a…

-¿Agua?, ¿dijo agua?…

-¡¿Agua?!…

Si me lo preguntan, yo creo que mi primera palabra realmente fue sed…

Hace algunos días, cavando en ello, me descubrí inmerso en una laguna. En un entorno turbio, casi intangible, extrañamente desierto. ¿Cuál, cuál habrá sido mi primera frase en tinta, cuál mi primera palabra escrita? ¿Habrá quien la recuerde? ¿Por qué yo no?…

¿Fue a crayola, con lápiz, con la pluma de un quetzal, a gis o con la sopa? ¿En una hoja de maple, en el plato, en algún muro o en la mano?…

Porque de que hubo un inicio, lo hubo. ¿O no?…

Digo, se entiende el olvido rutinario, pero la extrañeza del atrevimiento, de lo novedoso, desde mi punto de vista, debería ser algo distinto…

Con los seres humanos ¿pasará lo mismo? Es decir, navegando en la idea de que hay un ser que nos crea, nos diseña, que quizá nos escribe, y tal vez, arrogancia aparte, hasta nos lea. ¿Sabrá Él la fecha de nuestro nacimiento? ¿Con qué palabra iniciará cada historia? ¿Escribe letras, ideogramas, jeroglíficos, historietas? …

¿Cuál será nuestra primera letra? Yo, por ejemplo, creo que fui antes que todo, una mancha en una tabula rasa. Aunque quizá fueron tres, ojalá tres…