El cuerpo tiene necesidades extrañas…

Ajenas, impropias,

prestadas y, a ratos, robadas.

Afecciones regulares,

que se antojan permanentes,

casi propias, de los propios dientes.

Adicciones como la de la boca:

su boca.

La de los labios:

sus labios.

Los besos:

sus besos.

La lengua:

mi nombre.

Una mordida:

su cuello.

El descanso:

su pecho.

Todas las sinrazones dispuestas

en este espacio,

que no es nuestro, sino mío,

para él, de él:

su espacio.

En este mar

sin sal, ni playa,

hay un oleaje lila,

de ese que va y viene,

que viene, llega y me lleva…

Quererse así, de pronto…

Es abandonar la vasija

y vaciarse a fondo.

Arrancarse las agallas

y mascarlas hasta triturarlo todo.

Es descubrirse desnudo,

tirado en el pavimento,

y ver que uno carga raíces negras,

en lugar de piernas.

Quererse así, de pronto…

es reconocer que el destino siempre estuvo roto,

aceptar que nunca hubo una ruta,

que en el aquí yace el inicio y el final de todo.

Inhalar.

Sentir, por un segundo,

que uno no es uno,

sino lo es todo.

Exhalar.

Quererse así, de golpe,

ocurre así y nada más…

Tanto…

Me despido sin despedirme,

cada día, a cada abrazo,

dejo un trozo de ti

cuando te platico y te llamo.

No hay salida fácil, no dispongo de tanto espacio,

Estás en la raíz, en el tuétano,

aquí, adentro de mis sienes.

Estás en el zumbido que deja el silencio,

entre los huecos de las uñas,

en el frío que corta el aire,

que desde tu no estar me parece insano.

Han pasado días de desvelos negros

y tormentos varios.

Ha pasado que olvido tus ojos,

o se ven menos iluminados.

Ha pasado que así de pronto me cayo,

que me administro tus recuerdos para no gastarlos.

Ha pasado tanto y de a poco demasiado,

tanto así que parece que nada ha cambiado.

Tanto así que te escribo sabiendo que te has ido, pero sin sentirlo.

Tanto, que a veces te desconozco,

cuando te escucho en mis propios labios.

Te extraño…