Clavé las uñas al aire

Clavé las uñas al aire

porque nada queda adentro,

ni de las manos, ni del cuerpo.


El presente es un hueco,

un silencio negro,

entre lo que fuimos

y lo que no seremos.


Somos dos piedras cayendo,

en busca de un fondo que no poseemos.


Andamos con las raíces secas al aire,

frágiles, entregándonos lo que no tenemos.


Nada de lo que te llevas fue mío,

nada de lo que dejas te pertenece.


Nos construimos desde las carencias,

privándonos de nosotros mismos,

en un sueño húmedo de luciérnagas negras.


Somos las vasijas eternas,

que se curan en sales

y se lavan con mares.


Clavé las uñas al aire,

porque necesitaba saberlo,

tú no eres mío y yo no soy de nadie.

Extraño…

Lloro tu ausencia antes de vivirla.

Porque sé que pronto me acompañará en la cama.

Preveo noches de sueño negro y

de espera eterna.

Cargo entre los dedos tus recuerdos,

los que tuvimos antes, los que tendremos.

Me pesan como cargar en el cuello tu despedida,

la fría estampa que dejará tu mano,

el vació que quedará sin tu aliento, recién despierto.

Cada día, sin saberlo o por pensarlo demasiado,

me digo que te extraño.

Lo susurro, desde adentro:

-Te extraño.

Me convenzo de ello y salgo a la calle con un hueco.

El mismo por el que se me escapa ahora el universo,

Porque aún ahora,

contigo aquí: te extraño.

Estancado…

Cuánto dura el llanto.

Cuántas lágrimas faltan

para que se me limpie tu recuerdo de la mirada.

Cuánto, y hasta cuándo.

¿Es demasiado tener aún estancados los ojos

con la lluvia inundándome el pecho:

las ganas?

Sentir en los huesos la angustia de que seas recuerdo.

De que seas pasado,

de que después de tanto no seas nada.

A veces, acudo a donde la gente,

me siento en una silla y miró al piso.

El caos sin voz, me reconforta.

Lo que dicen carece de sentido,

Lo que siento padece de lo mismo.

Sabes que siempre temí este momento.

Que un día, este día, tus brazos no estarían aquí,

para esconderme de ti, de tu dolor, de tu ser sin estar.

Han pasado a penas meses y nada cambia.

Escuchó en el silencio de cada mañana

la ausencia de tu voz,

y el croar de las ranas.

Siento en el pecho lama

y entre las pestañas la luz no alcanza.

El agua está turbia y así de pronto se derrama.

Así de pronto, todo pasa; así de pronto, nada cambia.

Por y para…

Todo lo que ha pasado no responde a lo que creí.

Todo se volvió mejor, más humano,

más mío, para mí.

La realidad, así, en bruto,

se convirtió en presente vivo.

Sin futuro, sin pasado: alivio.

Hay dentro un cielo gris,

un silencio imperturbable,

un adormecimiento que reconforta.

La gota que cae y cae.

Es el fin de un sueño,

uno ajeno, uno que no cumplí.

El inicio de uno nuevo,

mío, para mí.

Soy feliz, sigo aquí.

Soy feliz,

por y para mí…