Ardiendo, siempre ardiendo.

Cargo grietas en todo el cuerpo

por donde se cuela lava ardiendo. 


Soy un volcán,

resguardado en otro:

ardiendo, siempre ardiendo.


Dejé fluir el magma

entre mis arterias,

necesitaba, desde adentro, 

fundirlo todo.


Al cerrar los ojos 

vi caer peñascos negros

formados de miedo, de silencio.  


El calor abrasó todas las lágrimas

y, al ceder al humo, pude ver el engaño, 

que me permitió olvidar, por un tiempo,

que esta lava es mía y no de ellos.


Porque existo mejor ardiendo, siempre ardiendo. 


Porque soy yo quien puede quemarlo todo 

y empezar de nuevo.


Porque para mí, consumirse no es el final, 

sino el inicio máximo de vivir:

ardiendo, siempre ardiendo. 


Cargo grietas en todo el cuerpo

porque a veces es mejor no contenerlo. 

Soy un mar rojo que, al derramarse, 

libera en mí el universo.


Ardiendo, siempre ardiendo…

Como se pueda…

Los días pasan, 

uno encima del otro.


La noche se confunde con la oscuridad, 

la ansiedad con la templanza,

el agua con el vino,

las lágrimas con la esperanza.


Nada llega, porque nada anda.


La sombra de una pared hastiada choca con otra,

mientras la luz victoriosa, entra y sale, 

nos derrota. 


La privacidad nos recuerda que sólo yace en la carne, 

entre las orejas, en un cámara de eco incansable.


Ahí, nace una idea siendo una gota, 

al poco tiempo es una tormenta

y, esta noche, una balsa rota. 


El silencio se ha convertido en un lujo

que por escaso provoca suicidios de gatos

y extingue espantos.


Donde había golpes, 

hoy hay costras

que no se alcanzan a secar

porque de nuevo la sangre brota. 


La violencia del engaño

de la pertenencia y de la sangre:

arde, como nunca… arde.


Los segundos son de pólvora,

la menor fricción y una bala se dispara a quema ropa.


Escondidas en los susurros se resguardan bombas

que si por aire yerran las coordenadas dan luz a un cráter,

creando un después y un antes.


Sobrevivir la vida,

racionarla, pausarla,

dejar que exista, soltarla.


Controlarle la sed y el hambre. 


Ayunarla con otros,

desbordarla en otros, 

existirla desde otros,

olvidarla por otros.


Sobrevivir, sobrevivir, sobrevivir…

Como se pueda.

Recuerda: como se pueda.